Ayer asistí a un seminario en el cual tuvimos hacer ciertas dinámicas de grupo para conocer a los asistentes en formas fuera de lo convencional.

Eso me gusto porque a veces cuando interactuamos con otras personas,  tendemos a intercambiar informaciones sin prestar mucha atención.

En este caso, sin embargo, se formaron parejas y cada interlocutor tenia que presentar al otro, lo que nos obligo a escuchar activamente lo que nos decían.

Entre tras cosas, debíamos mencionar estaba el nombre, profesión, que nos gustaba y que no de nuestros trabajos, estado civil, etc.

A medida que fueron transcurriendo las intervenciones, me llamo la atención el testimonio de un joven que dijo sentirse asombrado porque todos los que estábamos allí habíamos expresado que nos gustaba lo que hacíamos. Y que, como lo pedía la dinámica, también teníamos algo negativo que decir de nuestros oficios.

El estaba perplejo ante este hecho, confesando que se sentía desdichado porque que se estaba dedicando a un trabajo que no le gustaba. Sin embargo, todos los que estábamos allí parecíamos estar bien a pesar de que no nos gustaban algunos aspectos de nuestras ocupaciones.

Esto me toco poderosamente, porque aunque en el caso de esta persona adjudicaba su desdicha a su trabajo, es algo que he visto pasar muchas veces.

Colaboradores, amigos, familiares y yo misma, en algún momento de la vida  hemos atribuido a algún factor externo la causa de nuestros pesares.

Con el tiempo he aprendido que todo viene de adentro. Que proyectamos en el mundo exterior aquello que esta en nuestro mundo interior.

Confieso es es algo que me ha tomado tiempo entender y con lo que aun trabajo, pues cuesta desplazar conductas aprendidas de toda la vida.

Ahora bien, en la medida en la que nos hacemos responsables y aceptamos que esta en nuestras manos generar el bienestar que deseamos, seremos capaces de accionar en torno al cambio que queremos ver en nuestras vidas.

Seremos coscientes de que no se trata de lo que dicten los demás, las reglas impuestas o lo que diga la sociedad. Se trata de las ideas preconcebidas y paradigmas que hemos acuñado y que tenemos el poder de moldear.

Lo importante es lo de adentro, pues no hay nada afuera que no sea primera dentro.

Published On: julio 4th, 2016 / Categories: Personal /