Indiscutiblemente todos tenemos que enfrentar retos a lo largo de la vida que nos van moldeando y formándonos como personas.

Desde el nacimiento cuando abandonamos el vientre de materno, donde todo nos era dado de manera natural y llegamos a este mundo nuevo e inmenso, comenzamos un proceso de crecimiento que se termina solo con la muerte.

Incluso antes, cuando las células paternas emprenden un loco recorrido para fecundar el ovulo, debemos franquear obstáculos para materializarnos.

Al igual que el barro que es modelado por las manos de aquel que lo trabaja. Así como el diamante en bruto, que tiene que pasar por un riguroso proceso de pulido para convertirse en una bella gema, los seres humanos pasamos por pruebas que nos impulsan a crecer.

Pero precisamente porque el camino del aprendizaje es único y diferente para cada quien, las consecuencias también son distintas.  Por ende, algunas personas se vuelven fuertes y otras se vuelven duras. 

La diferencia radica en que una persona fuerte, enfrenta férreamente las situaciones que se le presentan, sin sacrificar su carácter dulce, dócil  y humilde. Afronta con gallardía los momentos difíciles, y se sobrepone a ellas asiéndose  de todas las herramientas que tiene a su alcance.

En cambio, la persona dura se encierra en una coraza, parapetándose para dar de sí una imagen que refleje algo diferente a su realidad. Se trata a sí mismo y a los demás de manera dictatorial y descarga sus frustraciones en aquellos que considera mas débiles.

Dice un viejo adagio, dime de lo que alardeas y te diré que falta. Y esto puede aplicar muy bien a las personas que han endurecido su corazón. Pues proyectan una imagen de autosuficiencia y autocontrol totalmente falsa.

Dicen no necesitar a nadie, proclaman su decisión de no querer cambiar pues entienden que no lo necesitan y vociferan a los cuatro vientos que les vasta consigo mismos. Pero en sus adentros, al momento de cerrar las puertas y enfrentar su realidad, no les queda de otra que encarar la gran tristeza que han cosechado.

El equilibrio radica en conseguir el balance ideal. Sacar las enseñanzas de cada situación, para hacerse fuerte sin perder la nobleza. Siendo fieles a sí mismos y a sus sentimientos.

Published On: noviembre 11th, 2012 / Categories: Personal /