Aquello que más nos duele y nos marca en la vida es de lo que sacamos las mayores enseñanzas.

Muchas veces no entendemos el por qué de las cosas de manera inmediata. Pero eventualmente, las respuestas se van desvelando.

Y no se trata solo de heridas de amor. Al menos, no del amor romántico, al que suelen vincularse los corazones rotos. Están las decepciones causadas por los amigos; las palabras hirientes de algún familiar, fruto de un desacuerdo. Las situaciones en el lugar de trabajo, que ponen en tela de juicio el futuro profesional.  Las posibilidades son infinitas.
 
He llegado a la conclusión de que las heridas no desaparecen por completo. Simplemente aprendemos a vivir con ellas. 

Si. Llegan a cerrarse y dejan de doler con el tiempo, pero las cicatrices están ahí para recordarnos las batallas libradas. Recordándonos los logros obtenidos, las medallas de honor que nos fueron otorgadas por nuestro heroísmo. Todo lo que sobrevivimos.

Cuesta recordarlo cuando se están pasando situaciones difíciles. Pero siempre hay luz después del túnel. Y cuando todo parece empeorar, de repente, sale el sol.
  

Todo pasa en esta vida. Es nuestra actitud lo que nos permite avanzar con fe y positivismo.

Muchas veces lo mejor que puede pasar es que tus planes no se cristalicen. La vida puede sorprenderte con un plan todavía mejor.

Published On: marzo 23rd, 2013 / Categories: Personal /