En pleno trafico de la ciudad de New York, camino al aeropuerto, estresada porque la llamada de despertar del no funcionó, y porque todavía tenia que tomar un tren y un taxi para llegar, me vino a la mente mi imposibilidad de disfrutar de “il doce far niente”.

Este es un término que conocí cuando leí el libro  “Come, Reza, Ama” de Elizabeth Gilbert, el cual significa en español “el dulce placer de no hacer nada”. Según la autora, los italianos son los maestros en implementarlo.

En el mundo del multi-tareas en el cual el tiempo no parece alcanzar para leer todos los libros que necesitamos leer (y queremos, en mi caso), ir a todos los lugares que queremos conocer, hacer todas las cosas que queremos hacer y lograr todas las metas que nos trazamos, parece imposible relajarse y oler las flores.

En mi caso, me resulta sumamente difícil disfrutar del placer de no hacer nada.

Tengo una compulsiva necesidad de leer, escribir, hablar, hacer…. pareciera que mi palabra es un verbo, aunque me apena confesar que aún no atino a saber específicamente cuál.

Y cuando me refiero a la palabra que me define, también hago alusión a lo expuesto por Elizabeth Gilbert en su libro, cuando dice que cada país y cada persona tiene una palabra que lo define.

Mi afición a la acción es tal, que duermo con el televisor encendido; un mal hábito del cual no he logrado zafarme, a pesar de que estoy consciente de que no es beneficioso.

Sin embargo, frente al mar si logro relajarme, ser una con él. Es en esos momentos de tranquilidad en los cuales surgen las mejores ideas y mis procesos creativos mas interesantes se ponen en marcha.

Creo que solo en esas ocasiones en las que me tiendo a mirar el ir y venir de las olas y aspirar el salitre a todo pulmón y a sentir la textura de la arena en mis pies en los que cualquier nativo del imperio romano, maestro de “il dolce far niente” estaría tan orgulloso de mí que podría entregarme la llave de su ciudad.

Published On: septiembre 11th, 2013 / Categories: Personal /